Con motivo de la realización de un reportaje sobre el 'Underground de Madrid' acompaño a una compañera por la zona centro. Las calles aledañas a la Gran Vía se están convirtiendo en el foco de la delincuencia, la explotación sexual y el tráfico de drogas. Todo ante la queja de los vecinos que se resisten ha dejar su vida atrás, y ante la impunidad de las diferentes autoridades.

Durante el fin de semana la situación es más liviana. En los días de diario el silencio y la noche son dos aliados del declive de la zona. Salir de noche un martes por estas céntricas zonas es una aventura a cara o cruz.

Visitamos la zona una vez caída la noche. En imposible encontrar una esquina, una acera, sin una chica a la espera. Junto a ellas la otra cara de la explotación sexual. Los ''chulos' vigilan todo movimiento.

Subimos al piso de Baltasar (nombre ficticio), uno de los vecinos más veteranos de la zona. Nos explica su situación: "No podemos ni bajar a la calle de noche. No nos molestan las prostitutas, nos molestan todo lo que les rodea. Tenemos que bajar a la calle a buscar a nuestra hija cada vez que sale. Esto no es vivir".

Intentamos contactar con alguna de las chicas que trabajan en la calle. Es imposible. Entre el miedo a hablar y la vigilancia de "sus jefes" ninguna quiere dar la cara.

Al final conseguimos convencer a una chica marroquí. Por supuesto no quiere hablar en la zona. Quedamos diez minutos después en una cadena de cafeterías cercana. Se toma un cafe doble ("la noche será larga").

Palabra a palabra nos cuenta la situación. Le cuesta responder a las preguntas. No está acostumbrada a relatar su historia. Bárbara (nombre ficticio) se queja del cierre de la Casa de Campo. "Allí todo el mundo sabía a lo que iba. Además había seguridad. Ahora estas chicas estamos por otros sitios. Pero no hemos dejado de hacer nuestro trabajo. Nosotras también tenemos miedo".

La conversación apenas dura quince minutos. Le suena el móvil: "Me tengo que ir", responde rápida.

Esta mañana he madrugado. A penas era de día y ya estaba en la calle. Acabar unas actividades y ultimar unas compras me ha llevado de nuevo al centro. Desde la lejanía quiero ojear la 'zona'.

Todo sigue igual. Bárbara continúa en la misma esquina donde la conocimos. Mientras las autoridades pertinentes no tomen cartas en el asuento, la zona centro de Madrid seguirá siendo la mezcla del glamour de las grandes marcas, el miedo de los vecinos, y la esclavitud sexual.

¿Alguien piensa que a Bárbara le gusta ser puta?.
Seamos realistas...