Francia, país revolucionario por excelencia, ya tiene su "revolución del siglo XXI". Hoy la noticia es que no hay noticia, y eso es novedad. Durante dos noches consecutivas las barriadas de París se convirtieron en un campo de batalla.

El motivo oficial fue el fallecimiento de un joven inmigrante tras ser atropellado por un coche de patrulla. Extraoficialmente el motivo es más longevo.

Francia, con un notable porcentaje de población inmigrante asentada durante años, vive la rebelión de sus masas menos afortunadas. Personas que dejaron todo por un sueño, una ilusión que con el paso de los años no se ha cumplido. La falta de oportunidades se mezcla con una falta de adaptación que convierte a algunas zonas de la capital francesa en foco de la delincuencia y la corrupción.

En España la situación es menos alarmante aunque mantener los ojos abiertos y aprender de los "errores" del país vecino son un buen consejo.

Zonas como Lavapies, Aluche o los bajos de Aza se han convertido en un polvorín nocturno. Barrios donde una inmigración desfavorecida hace de las calles su 'gueto'.

Reinsertar a esta población o tomar medidas para la adaptación de estos jóvenes inmigrantes es una tarea pendiente que debe ser solucionada para evitar una nueva revolución como la que vive a día de hoy Francia.